Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (Tusquets Editores, 2009)
por Haruki Murakami [traducido del japonés de Lourdes Porta y Junichi Matsuura]
Japón, 1994
"Todo aquello le parecía una escena fantástica, irreal, pintada por un artista con trastornos mentales".
(Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, 760)
Tokio, 1984. Tooru Okada, un treintañero que está sin trabajo, empieza a recibir llamadas telefónicas muy raras. Primero desaparece su gato y después su mujer. Sin saber por qué precisamente, es evidente que algo ha radicalmente cambiado en su vida personal. Dentro de poco, el tipo se pone adentro de un pozo seco en la vecindad para reflexionar sobre todos estos cambios turbulentos. Problema número uno: en vez de ser un lugar tranquilo para pensar, resulta que el pozo pertenece a un solar abandonado conocido como "la mansión de la horca" por su mala fama como el lugar donde sucedió el suicidio de una entera familia y aun más mala suerte en los años posteriores. Problema número dos: tal vez el pozo sea una puerta a otras dimensiones o algo por el estilo. Así empieza uno de los mejores libros que he leído en este año y probablemente el mejor de todos en cuanto al despliegue de una imaginación sin trabas. ¡Cómo me entusiasmó éste, mi primer Murakami! Debo aclarar que no me considero un aficionado a la literatura fantástica para nada. Sin obstante, la destreza del novelista en describir la realidad, la irrealidad, y el umbral entre los dos mundos era sumamente asombroso. Además de ser un relato sobre la búsqueda de la esposa Kumiko por el señor Okada, la
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo es una rica mezcolanza de hilos narrativos, estilos, y temas. Conforme con una novela donde los personajes incluyen no uno sino
dos equipos de videntes, una "prostituta de la mente", y una vecina adolescente que comunica con el protagonista en persona y telepáticamente, no es de sorprender que algunos de los momentos más psiquedélicos de la obra tengan lugar en secuencias oníricas y/o escenas abiertamente surrealistas. Al mismo tiempo, algunos de los pasajes más llamativos tienen que ver con la presencia de la violencia en la sociedad japonesa: o sea la repentina brutalidad de un hombre moderno que es más o menos pacífico con un bate de béisbol o sea la brutalidad de la Segunda Guerra Mundial (en particular, la violencia de los japoneses contra los chinos en Manchuria y la violencia de los rusos contra los japoneses después del supuesto Incidente Nomonhan). Una lectura inesperadamente jugosa cuya rareza intrínseca está hecha aun más interesante por una especie de ternura hacia los personajes por parte de Murakami. Excelente. (
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Haruki Murakami