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viernes, 24 de agosto de 2018

Felisberto, el "naïf"

"Felisberto, el 'naïf'"
by Juan Carlos Onetti
Spain, 1975

Onetti's book talk--I hesitate to call it criticism--almost always strikes me as hurried but loaded with insight with the caveat that "loaded with insight" sometimes means accompanied by the perfect anecdote.  Here's a good example of one such piece I've been wanting to share for a while. "Felisberto Hernández fue uno de los más importantes escritores de su país" ["Felisberto Hernández was one of the most important writers in his country"], he begins.  "Muy poco conocido en España --según estoy comprobando--.  Esto no debe preocupar, cuanto la ignorancia de su obra es también comprobable en el Uruguay" ["Hardly known in Spain--as I'm finding out.  This needn't concern us insofar as the ignorance of his work is also ascertainable in Uruguay"].  After this set-up, Onetti suggests that "factores políticos" ["political factors"] might have had something to do with his fellow Uruguayan's lack of celebrity because "Felisberto --siempre se le llamó así-- era conservador, hombre de extrema derecha" ["Felisberto--as he was always called--was a conservative, a man of the far right"] taken to arguing out loud about politics in gatherings during World War II and its aftermath. Although Onetti is quick to make clear that it's Felisberto the writer rather than "Felisberto político" ["political Felisberto"] who interests us here, he adds that an anecdote or two which will help us to understand Felisberto better or to reassess him are on the other hand fair game.  Unsurprisingly, this is where things start to get good.  Onetti reveals that he first met Felisberto early on at a time when his countryman was so lacking in confidence about the "pequeños libros" ["little books"] that he'd published that he told Onetti he couldn't even think up new themes to pursue.  "En aquellos tiempos" ["In those days"], Onetti explains, "Felisberto se ganaba la vida golpeando pianos en ciudades o pueblos del interior de la república, acompañando a un recitador de poemas.  Es fácil imaginar sus públicos" ["Felisberto earned a living thumping pianos in the cities and small towns of Uruguay's interior, accompanying a reciter of poems.  It's easy to imagine their audiences"].  Given the musical subject matter of so much of Felisberto's output, Onetti then makes the rather startling claim that he suggested that Felisberto's piano tours through Uruguay's backwaters might make a good source of material, something which the piano man thanked him for but seemed undecided about, as if he weren't sure that Onetti wasn't putting him on or blowing him off.  Fast forwarding a bit, Onetti then recalls his first encounter with Felisberto the writer when, due to a friendship with one of the author's family members, he was able to get his hands on one of Felisberto's hard to find earliest books, 1931's La envenenada: "Digo libro generosamente: había sido impreso en alguno de los agujeros donde Felisberto pulsaba pianos que ya venían desafinados desde su origen.  El papel era el que se usa para la venta de fideos; la impresión, tipográfica, estaba lista para ganar cualquier curso de fe de erratas; el cosido había sido hecho con recortes de alambrado.  Pero el libro, apenas un cuento, me deslumbró" ["I say book generously: it had been printed in one of the holes where Felisberto played pianos that were permanently out of tune.  The paper was the kind that was used to sell pasta in; the printing was fit to win a typo contest; the binding had been stitched with pieces of wire.  But the book, barely a short story, amazed me"].  Why?  "Porque el autor no se parecía a nadie que yo conociera... Y era díficil --e inútil-- encontrar allí lo que llamamos literatura, estilo o técnica" ["Because the author didn't seem like anyone else I knew... And it was difficult--and useless--to find what we'd call literature, style or technique there"].  In much of what follows, Onetti traces his subject's later trajectory in pursuit of the idea that "Felisberto, sabiéndolo o no, perseguía el malentendido llamado fama" ["Felisberto, knowingly or not, was pursuing the misunderstanding called fame"].  Contrasting the quality of 1942's Por los tiempos de Clemente Calling [Around the Time of Clemente Calling] with 1960's La casa inundada [The Flooded House], Onetti casts the latter as a stylistically inferior example of the author's deliberate attempt to "conservar la pureza, la sinceridad de sus primeros libros" ["preserve the purity, the sincerity of his first books"] given the so-called "naïfismo" ["naiveté-ism"] for which he'd become known among a small but vocal circle of friends and admirers.  Onetti ends his appreciation with an unhurried and unexpectedy corrosive critical double whammy first saying that his personal admiration for Felisberto's work on balance still remains strong "pese a los avatares mencionados" ["in spite of the ups and downs mentioned"] and then attributing a couple of mischievous references to Felisberto's late life morbid obesity and string of broken marriages as a "homenaje al malhumor de Sainte-Beuve, que estropeaba cada lunes el apetito de los Goncourt y sostenía que era imposible hacer buena crítica sin conocer la vida íntima de cada víctima" ["homage to the ill humor of Sainte-Beuve, who ruined the Goncourt brothers' appetites each Monday and maintained that it was impossible to give a good review without knowing the private life of each victim"].  Ouch!


Felisberto Hernández (1902-1964, top) & Juan Carlos Onetti (1909-1994, here pictured in Madrid in 1975 in a photo by Dolly Onetti, bottom)
*
"Felisberto, el 'naïf'" can be found on pp. 532-535 of Onetti's Obras Completas III.  Cuentos, artículos y miscelánea (Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2009).

jueves, 14 de abril de 2016

Juan Carlos Onetti, o las sombras en la pared

"Juan Carlos Onetti, o las sombras en la pared"
por Luis Harss
Argentina, 1966

Un ensayo muy acertado e interesante sobre la vida y obra de Juan Carlos Onetti, el grosso al que Harss llama "el lobo estepario de las letras uruguayas" y el "protagonista de un libro inconcluso que ha venido escribiendo durante años y publicando por entregas con diversos títulos" (187-188).  Al tiempo de la entrevista (en julio del 65 en Montevideo), Onetti es retratado física y mentalmente como un hombre que "lleva con fatiga la carga de los años" (187) y como "un deprimido permanente" quien, como uno de los personajes agónicos en los "templos de desesperación" que son sus libros (218), "ve negras las cosas" (191).  La descripción de la entrevista que sigue me encanta por su sabor amargo y vencido y, por extensión, casi onettiano:

En el cuarto mal iluminado, la conversación gira como un disco roído, avanza a saltos y empujones.  Onetti es un hombre de pocas palabras, hosco de mirada, parco de gestos.  Se sienta en el borde de la cama con los hombros hundidos, el ceño tormentoso.  Fuma un cigarillo tras otro, con desconsuelo.
"Pensar que alguien se hizo un viaje especial hasta aquí nada más que para verme a mí", dice en aire de aburrimiento, casi despreciativo, pero acaso con una sonrisa por dentro, en la que nos parece discernir alguna pequeña satisfacción.

Después de esta introducción, un resumen de la "tarea más íntima" del proyecto de Onetti ("la recreación imaginativa de un paisaje espiritual" en que "Santa María  --su Yoknapatawpha-- es una ciudad inventada, mitad Montevideo, mitad Buenos Aires, y con reflejos de otras ciudades, pero su clima mental, sus habitantes y sus idiosincrasias, son uruguayos") frente a sus antecedentes en cuanto a la "novela urbana" (194), y una anécdota u otra sobre cosas como el origen del nombre del uruguayo ("El apellido es de origen escocés o irlandés" explica Harss, pero Onetti mismo "se divierte afirmando que antes se escribía O'Nety" hasta que el nombre fue italianizado por su abuelo [195]), el ensayista cambia las marchas para volver la atención al asunto del criticismo literario.  Dada que una obra maestra como La vida breve es un "libro de inagotables desdoblamientos, un monumento a la evasión a través de la literatura", Harss postula que "la lectura de un libro de Onetti es el recorrido de una galería de espejos" en el que "el lector fluctúa, sin saber dónde está, entre los pensamientos o las percepciones del narrador-protagonista y los del autor".  Onetti, que más tarde hablará con sinceridad brutal de "el mundo cerrado en que desgraciadamente yo estoy ahora cuando escribo.  Y también lo estoy psíquicamente.  Tengo muchos períodos de depresión absoluta, de sentido de muerte, del no sentido de la vida" (211), irónicamente parecería estar de acuerdo con el juicio de su interlocutor en cuanto al mundo interior de sus novelas: "Los personajes no funcionan si no se los quiere", dice.  "Escribir una novela es un acto de amor" (198).  En otra parte, Harss habla de la evolución del estilo de Onetti.  "En El pozo, el lenguaje era descuidado, directo, casi periodístico, a la manera arltiana, además inspirado por las Memorias del subsuelo de Dostoievski: antiliterario".  Pero más tarde, añade, "Onetti lleva a cuestas a un maestro que ha tenido sobre él una enorme influencia: Faulkner.  La influencia es consciente y deliberada, y Onetti ni la niega ni se disculpa por ella".  Aunque el crítico propone que la reiteración faulkneriana "contribuye a la atmósfera maniacodepresiva" en las obras de Onetti, también opina que "en Faulkner la acumulación da fuerza y energía a la historia" pero "en Onetti, suele distraer y hacerla difusa".  Pero al final del día, ¿qué mas da?  Según Harss, "el fantasma de Faulkner lo sigue habitando" al uruguayo y Onetti "todavía hoy sostiene que su mejor obra es una traducción que hizo años atrás del maestro" (206-207).  Agradable.


"Juan Carlos Onetti, o las sombras en la pared" es el quinto capítulo de Los nuestros (Alfaguara, 2012; título original: Into the Mainstream: Conversations with Latin-American Writers, 1966) escrito por Luis Harss en colaboración con Barbara Dohmann.  El trabajo aparece en las páginas 187-218 del libro al lado de nueve otros dedicados a Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias, Jorge Luis Borges, João Guimarães Rosa, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, y Mario Vargas Llosa.

viernes, 31 de octubre de 2014

Juntacadáveres

Juntacadáveres (Galaxia Gutenberg, 2007)
por Juan Carlos Onetti
Uruguay, 1964

Nadie trata de la decadencia  --del alma, de la raza humana  --de forma exquisita como Onetti.  Al principio de Juntacadáveres, Larsen, también conocido como Junta o Juntacadáveres, llegue a Santa María en la compañía de tres "mujeres inverosímiles" (367) para establecer un prostíbulo en una casita en la costa.  Al final de la obra, Junta sale por el mismo tren, su sueño de "inaugurar el perfecto prostíbulo" (514) reducido a cenizas.  La historia del fracaso de Junta, un tipo describido en las primeras páginas del libro como un hombre "humillado y lacónico, pero demasiado ordinario" (364) y más tarde como un conocido "filatelista de putas pobres" (473), se cuenta por dos narradores (uno en primera persona y el otro en tercera) que también versan con la historia de Santa María con una prosa vital.  Resulta que esta ciudad, a pesar de la cruzada contra el prostíbulo organizado por el padre Bergner, está poblada por gente como el sobrino del cura que opina que "todos somos inmundos y la inmundicia que traemos desde el nacimiento, hombres y mujeres, se multiplica por la inmundicia del otro y el asco es insoportable" (532), otro personaje que se suicida, y un menor de edad que siente una gran necesidad de escapar de Santa María con Junta y sus "mujeres inverosímiles" antes de contagiarse con el "mundo normal y astuto" (578) que ha vivido en la ciudad hasta entonces.  A luz de esto, el lector se da cuenta que Larsen, un rufián que ha conocido "una vida definible o recordable por medio de olor a billetes y a mujer, por camisas de seda, biombos, abortos, churrasquerías junto al principio del campo, mejillas pulidas, nostalgia y la profesada indiferencia" (463) o sea una persona claramente corrumpida desde el punto de vista moral, en realidad no es mucho más "inmundo" que o cualquier de los otros habitantes de Santa María o, en cuanto a eso, nuestro amigo animoso Onetti:

Había que vivir y por eso inventó el patronazgo de las putas pobres, viejas, consumidas, desdeñadas.
Impasible en el centro de las miradas irónicas, en restaurantes que servían puchero en la madrugada, sonriendo a gordas cincuentonas y viejas huesosas con trajes de baile, paternal y tolerante, prodigando oídos y consejos, demostrando que para él continuaba siendo mujer toda aquella que lograra ganar billetes y tuviera la necesaria y desesperada confianza para regalárselos, conquistó el nombre de Junta Cadáveres, conquistó la beatitud adecuada para responder al apodo sin otra protesta que una pequeña sonrisa de astucia y conmiseración (514-515).

Juan Carlos Onetti (1909-1994)

Juntacadáveres se puede encontrar en las páginas 357-578 del libro Obras completas II.  Novelas II (1959-1993), de Juan Carlos Onetti (Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2007).

viernes, 5 de julio de 2013

El pozo

El pozo (Galaxia Gutenberg, 2005)
by Juan Carlos Onetti
Uruguay, 1939

El pozo [available in translation as The Pit], sometimes compared to Sartre's La nausée and Camus' L'Étranger but I'm not going to go to the existentially Frenchified there since I won't be talking about uplifting non-South Americans on the blog anymore, is probably the bleakest, most claustrophobic, most unsettling Onetti I've read to date.  In any event, it would make an absolutely sensational gag gift for any of your magical realism-loving retrograde friends.  Eladio Linacero, on the brink of turning 40 and somewhere between being just extremely anti-social and an utter nihilist, decides to set his life story down on paper one night because he's read somewhere that all men ought to do that once they hit that magical age.  Finding the life story pretext a bore once he's started, he impulsively changes course and decides to pen his "memorias" ["memoirs"] (4) or "confesiones" ["confessions"] (31) based on one real-life event from his teens and the recurrent dreams that it's inspired since then.  "No sé si esto es interesante" ["I don't know if this is interesting"], he confides at one point, "tampoco me importa" ["nor does it matter to me"] (11).  Whether the narrator really means all he says or not (he later equally convincingly affirms that "me hubiera gustado clavar la noche en el papel como a una gran mariposa nocturna" ["I would have liked to have pinned the night to the paper like a grand, nocturnal butterfly"]) (31), people who have read Onetti before will no doubt guess that, the ambiguously life-affirming riffs on writing as an act of creation of its own universe aside, much of the desperation and sordidness that follows is uncompromising, unpleasant, but written with real verve: kind of like a circa 30-page x-ray of a damaged, emotionally stunted, and all too troubled soul haunted by loneliness, personal failures, and the desire to find a measure of understanding from a fellow human being in a world he doesn't believe in.  On that note, why is the novella called The Pit?  Well, just how sympathetic are you to unsympathetic characters?  I believe both questions are related--and answered--in the uncomfortable aside below (18):

He leído que la inteligencia de las mujeres termina de crecer a los veinte o veinticinco años.  No sé nada de la inteligencia de las mujeres y tampoco me interesa.  Pero el espíritu de las muchachas muere a esa edad, más o menos.  Pero muere siempre; terminan siendo todas iguales, con un sentido práctico hediondo, con sus necesidades materiales y un deseo ciego y oscuro de parir a un hijo.  Piénsese en esto y se sabrá por qué no hay grandes artistas mujeres.  Y si uno se casa con una muchacha y un día se despierta al lado de una mujer, es posible que comprenda, sin asco, el alma de los violadores de niñas y el cariño baboso de los viejos que esperan con chocolatines en las esquinas de los liceos.

[I've read that the intelligence of women stops increasing at the age of twenty or twenty-five.  I don't know anything about the intelligence of women nor does it interest me.  But the spirit of girls dies at that age, more or less.  And it dies for good: they all wind up the same, with an annoying practical side, with their material necessities, and a dark blind desire to have a baby.  Think about this and you'll know why there are no great female artists.  And if you get married to a girl and one day wake up next to a woman, it's possible that you'll understand, without revulsion, the souls of the rapists of little girls and the drooling puppy love of the old men who wait on high school corners with boxes of chocolates in hand.]

Source
El pozo can be found on pages 1-31 of Volume I of Juan Carlos Onetti's complete works, Obras completas I.  Novelas I (1939-1954), edited by Hortensia Campanella (Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2005).  It's also available in English as part of a twofer, The Pit & Tonight, in a solid translation by Peter Bush (London: Quartet Books, 1991, 1-29).

lunes, 1 de julio de 2013

Para una tumba sin nombre

Para una tumba sin nombre (Galaxia Gutenberg, 2007)
por Juan Carlos Onetti
Uruguay, 1959

"Todos nosotros, los notables, los que tenemos derecho a jugar al póker en el Club Progreso y a dibujar iniciales con entumecida vanidad al pie de las cuentas por copas o comidas en el Plaza.  Todos nosotros sabemos cómo es un entierro en Santa María.  Algunos fuimos, en su oportunidad, el mejor amigo de la familia; se nos ofreció el privilegio de ver la cosa desde un principio y, además, el privilegio de iniciarla" (5).  Para una tumba sin nombre comienza con esta declaración vagamente amenazadora por parte del narrador, acaba con una declaración que es diametralmente opuesta en un sentido que tiene algo que ver con el acto de escribir, y en medio versa con "las derrotas cotidianas" (67) de sus personajes con penetración psicológica y verosimilitud.  En resumen, otra obra imprescindible de Onetti.  El argumento de la nouvelle gira en torno de las múltiples versiones de la historia de la vida de una mujer que murió sin familia en un rancho de la costa uruguaya y fue enterrada casi sin respeto en la que iba a ser una fosa común en la presencia de unos hombres y un chivo rengo.  Un sepelio de lo más barato.  Basta decir que cuando el narrador, el doctor Díaz Grey, tiene la oportunidad de saber más acerca de la presencia del chivo al entierro, el lector también aprenderá de cómo Rita, acompañado por el chivo, pedía limosna de los viajeros a Plaza Constitución en Buenos Aires y de por qué Rita, todavía acompañado por el chivo, regresó a Santa María en Uruguay para morir a la tierna edad de 35 años.  Sin embargo, ojo: el que cuenta una historia puede ser aún más de un estafador que el que pide limosna bajo pretextos falsos.  Onetti, o mejor dicho, Díaz Grey se aprovecha de la proliferación de historias dedicadas a la caída de la mujer para tramar algo que critica a la hipocresía sórdida de "los notables" de Santa María al mismo tiempo que el desembrollamiento de los hilos narrativos contradictorios llama la atención a la mezcla de la verdad y la mentira que compone el retrato de Rita y sus amantes.  Por eso, estoy tentado de caracterizar Para una tumba sin nombre como o una novela policíaca sin un crimen o una novela policíaca en que la vida misma es el delito.  Sea lo que sea, tal vez la única cosa que importa al fin y al cabo sea que la prosa de Onetti, como de costumbre, es inmejorable en cuanto a su falta de sentimentalismo y en cuanto a su creación de una realidad cotidiana casi tangible: "Fuimos a comer al Berna, cruzamos de vuelta la plaza con dos botellas de vino, atravesando el sábado estival poblada de parejas y familias, henchido de la inevitable, domesticada nostalgia que imponen el río y sus olores, el invisible semicírculo de campo chato" (17).  Genial.

Fuente
Para una tumba sin nombre aparece en las páginas 1-67 del volumen Obras completas II.  Novelas II (1959-1993), de Juan Carlos Onetti, edición de Hortensia Campanella (Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2007).

viernes, 13 de julio de 2012

La vida breve

La vida breve (Punto de Lectura, 2009)
por Juan Carlos Onetti
Uruguay, 1950

Tendría que leerlo de nuevo para entender cómo él lo hizo, pero mientras tanto puedo asegurarles que Onetti me dejó K.O. con su asombrosa La vida breve.  En un triste departamento bonaerense que se parece a su estado de ánimo vencido, el abatido y encerrado en sí mismo Juan María Brausen trata de contender con la disolución de su casamiento y ser despedido de su trabajo en una agencia de publicidad por huir de la realidad y sumergirse en un mundo ficticio de su propia creación.  Al principio, el aspirante a guionista se limita a imaginar lo que hace y cómo es la mujerzuela al otro lado de su pared.  Más tarde, él empieza acostarse con ella y, bajo el nombre falso de Arce, hace vivir sus fantasías como un macró abusivo.  Una pelea con el macró de verdad de la mujer, un asesinato brutal, y una inesperada fuga de la justicia lleva al lector a un final alucinate en el pueblo ficticio de Santa María: una ciudad fantasmal sobre el río entre Argentina y Uruguay inventada por Brausen antes en la novela y poblada por ya otro doble de Brausen, el doctor Díaz Grey, vendedor de morfina, y una variedad de personajes con rasgos de los conocidos de la "gente real" en la vida doble de Brausen/Arce.  Aparte del final abierto de La vida breve, que anticipa la película Solaris de Tarkovsky, ¿cómo explicar por qué esta historia, por lo demás tan sórdida, es a la vez tan irresistible?  Para mí, una de las cosas es que Onetti lo hace facíl identificar con la angustia de sus personajes aun cuando no es facíl identificar con la falta de conexibilidad social de los personajes: "Lo malo no está en que la vida promete cosas que nunca nos dará", dice alguien en algún momento, "lo malo es que siempre las da y deja de darlas" (130).  Una observación poco importante en un sentido y, en otro, una declaración conmovedora sobre el sentido de la pérdida que aflige al protagonista.  En segundo lugar, la novela es totalmente fascinadora en cuanto a su descripción del proceso creativo y a su retrato de un personaje antisocial que, posiblemente, se está volviendo loco antes de los ojos de los lectores.  Se nota, por ejemplo, que nunca está claro si Brausen esté sumergiéndose en un acto de creación artística o si esté fragmentándose en tantos Brausen, Arce, y Díaz Grey.  En todo caso, es difícil ignorar el hecho de que este personaje, a quién Mario Vargas Llosa ha llamado "un dios patético" en su libro El viaje a la ficción.  El mundo de Juan Carlos Onetti (Lima: Alfaguara, 2008, 90), es la principal figura de un narrador de una obra en cual el protagonista ha elegido la irrealidad en vez de la realidad atroz de su vida cotidiana.  Esto tiene que ser significativo, ¿no?  Al fin, a pesar del pesimismo y la sordidez de la obra, la novela no es sin sus momentos de elegancia.  De hecho, con respecto a esto, me gustó particularmente la escena donde Brausen habla del "hombre que me había alquilado la mitad de la oficina  --se llamaba Onetti, no sonreía, usaba anteojos, dejaba adivinar que sólo podía ser simpático a mujeres fantasiosas o amigos íntimos-- se abandonara alguna vez, en el hambre del mediodía o de la tarde, a la estupidez que yo le imaginaba y aceptara el deber de interesarse por ellos....  No hubo preguntas, ningún síntoma del deso de intimar; Onetti me saludaba con monosílabos a los que infundía una imprecisa vibración de cariño, una burla impersonal" (265-266).  En resumen, uno de los dos o tres mejores libros que he leído en este año.  (Punto de Lectura)

A Brief Life (Serpent's Tail, 2008)
by Juan Carlos Onetti [translated from the Spanish by Hortense Carpentier]
Uruguay, 1950

I'd have to read this again to understand just how he managed to pull it off, but in the meantime I can assure you that Juan Carlos Onetti's A Brief Life was nothing short of a knockout.  In a drab Buenos Aires apartment that seems to mirror his defeated state of mind, withdrawn, downcast Juan María Brausen attempts to cope with the impending break-up of his marriage and the subsequent loss of his advertising agency job by fleeing reality for a fictional world of his own creation.  At first, the would-be screenwriter limits himself to imagining what the prostitute on the other side of his apartment wall is doing and what she must be like in person.  Later, he begins sleeping with her and, under the assumed name of Arce, takes on a violent new identity in which he all too convincingly passes himself off as an abusive pimp.  A confrontation with the woman's real pimp, a vicious murder, and an improbable flight from justice lead to a hallucinatory ending in the fictional town of Santa María--a phantasmal port city somewhere between Argentina and Uruguay which Brausen has dreamed up earlier in the novel and populated with yet another Brausen double, the morphine-dealing Doctor Díaz Grey, as well as a host of thinly disguised characters from his "real world" double life as Brausen/Arce.  Apart from A Brief Life's pre-Solaris open ending, what is it about this otherwise rather sordid story that's so damn compelling?  For me, Onetti makes it all too easy to identify with his characters' anguish even if you don't necessarily identify with their anomie:  "What's wrong with life isn't that it promises things it never gives us," somebody says at one point, "but that it always gives them and then stops giving them" (87).  A throwaway line in one light.  A devastating statement on the sense of powerlessness and loss afflicting the protagonist in another.  Secondly, the novel's absolutely fascinating in the way it pairs its descriptions of the creative process with the presentation of an antisocial character who may be cracking up in front of our eyes.  For while it's never really clear whether Brausen is submerging himself in the act of creation or is fragmenting psychologically into so many different Brausens, Arces, and Díaz Greys, etc., it's hard to ignore the fact that this character whom Mario Vargas Llosa has referred to as "un dios patético" ["a pathetic god"] in his book El viaje a la ficción: El mundo de Juan Carlos Onetti (Lima: Alfaguara, 2008, 90) is the main narrator figure in a work in which the protagonist has chosen the altered reality of fiction over the unaltered reality of his daily life.  There's something telling about that.  Finally, for all its pessimism and sordidness, the novel isn't without its storytelling moments of grace.  In fact, I particularly enjoyed the anecdote about "the man who had rented me half the office" in Brausen's telling of the story: "His name was Onetti, he didn't smile, wore glasses, and let it be divined that he had time only for vague scatterbrained women or intimate friends--might succumb at any time, in the hunger of noon or late afternoon, to the stupidity I thought him capable of and accept the duty of taking an interest in them....  There were no questions, no symptoms of any desire for intimacy; Onetti greeted me with monosyllables that he infused with an imprecise vibration of affability, an impersonal disdain" (187).  In short, one of the two or three most rewarding novels I've read all year.  (Serpent's Tail)

Onetti en los 1940

La vida breve fue leído como una lectura compartida para Spanish Lit Month y como el libro del mes de julio para el Latin-American Readalong de Obooki.//A Brief Life was read for a Spanish Lit Month group read and as the July book of the month for Obooki's Latin-American Readalong.

Más sobre La vida breve/A Brief Life

Más sobre Onetti
Los adioses [Farewells], 1954 (Caravana de recuerdos)
El astillero [The Shipyard], 1961 (Caravana de recuerdos)
Santa Maria on Celluloid (Obooki's Obloquy)

jueves, 24 de mayo de 2012

Spanish Lit Month: July 2012


A while back, Stu from Winstonsdad's Blog--one of my ideological comrades-in-arms on account of his particular enthusiasm for literature produced outside the U.S. and the U.K. and the fact that he's not, to my knowledge, a card-carrying member of either the paranormal romance or the Austen/Brontë sisters/Dickens mafias so prevalent elsewhere in the vampiric back alleys and Victorian mean streets of the English language blogosphere--asked me if I'd be interested in helping him put on a Spanish language literature month modeled on Iris' Dutch Lit Month and the German Lit Month hosted by Caroline and Lizzy last year.  How could I say no to such a great idea and dedicated champion of international fiction?  To this end, Stu and I will be offering a Spanish Language Lit Month (or Spanish Lit Month for short) in July to help celebrate any/all Spanish language works of your choice ever written.  How do you participate?  Easy!  Read and write-up one or more poems, short stories, nonfiction works, novellas or novels originally written in Spanish, and then tell me and/or Stu about it so we can mention it on our blogs--naturally, you may read the works in Spanish or in translation as suits your language skills and interests.  For those looking for a little more interactive experience in July, we also have the following program of events planned during the month:

Friday, July 6th, thru Sunday, July 8th
(on participating blogs)
A "watchalong" of Spanish filmmaker Carlos Saura's 1976 Cría cuervos, a drama that looks at the end of the Franco era from troubled eight year old Ana's perspective and then from the adult Ana's perspective some 20 years later.  A classic of Spanish cinema and one of my personal all-time movie faves in any language.

Friday, July 13th, thru Sunday, July 15th
(on participating blogs)
A group read of Uruguayan Juan Carlos Onetti's 1950 A Brief Life [La vida breve], widely considered to be one of the canonical novels in 20th century Latin American fiction.

Friday, July 20th, thru Sunday, July 22nd
(on participating blogs)
A group read of Spaniard Enrique Vila-Matas' 2001 Bartleby & Co. [Bartleby y compañia], a witty anti-novel composed by one of contemporary Spain's most cutting-edge writers.

Stu and I have a wrap-up week planned for the last weekend of the month to assemble link round-ups of whatever posts people contribute to the event, so we hope that you'll consider reading along with us on your own and/or for the Saura, Onetti, and Vila-Matas fiestas.  Until then, please let us know if you have any questions--and hope to see many of you back here during Spanish Lit Month in July.  ¡Hasta pronto!

Probable Participants
Amateur Reader (Tom), Wuthering Expectations
Bettina, Liburuak
Frances, Nonsuch Book
Jenny, Shelf Love
Jeremy, READIN
lizzysiddal, Lizzy's Literary Life
Scott, seraillon
Séamus, Vapour Trails
Susanna, SusieBookworm

sábado, 4 de junio de 2011

Los adioses

Los adioses (Punto de Lectura, 2007)
por Juan Carlos Onetti
Argentina, 1954

Una novela breve magistral (escrita en los años bonaerenses del uruguayo Onetti), sin ninguna grasa estructuralmente, en cuyas 111 páginas se encuentran un relato devastador y una profunda meditación sobre la inexorabilidad del tiempo y del destino.  Ambientada en un pueblo de montaña adonde los tuberculosos van para curarse, Los adioses nos ofrece una visión de otras enfermedades--la soledad, la ausencia del amor, la voluntad para decepcionarse, la derrota--a lo largo de su esbozo de un ex jugador de basketball, ahora un enfermo, marcado por un fatalismo desafiante.  "No es que crea imposible curarse", dice el narrador, "sino que no cree en el valor, en la trascendencia de curarse" (12).  Al mismo tiempo que todo esto está pasando, el novelista inicia un sutilísimo juego del gato y del ratón con el lector cuando un malentendido acerca de las relaciones entre el enfermo y las dos mujeres en su vida parece reflejar simbólicamente la venalidad de la verdad entre todos los testigos del espectáculo (sólo un recordatorio: nosotros los lectores somos testigos también).  En resumen, una especie de tragedia rioplatense hermosamente narrada sin ningún sentimentalismo barato. (www.puntodelectura.com)

Juan Carlos Onetti

miércoles, 30 de junio de 2010

El astillero

El astillero (Cátedra, 2007)
por Juan Carlos Onetti
Uruguay, 1961

"Pero la indiscutida decadencia de Larsen era, a fin de cuentas, la decadencia de sus cualidades y no un cambio de éstas" (172).

Antes de haber leído esta novela, mi admiración por el uruguayo Onetti (1909-1994) trajo su origen de un puñado de cuentos suyos ("Bienvenido, Bob", "El infierno tan temido", y "La cara de la desgracia" entre otros) de estilo tan brutal como eficaz.  Aunque todavía pienso que algunos de estos cuentos me impactaron más que El astillero, terminé las últimas páginas de la novela queriendo leer más de Onetti.  Y pronto.  El argumento, tal cual como es, tiene que ver con el regreso de un tal Larsen a la ciudad de Santa María luego de un exilio de 5 años.  Larsen, por otro nombre Juntacadáveres por haber sido otrora el proxeneta de un prostibulario en el pueblo notorio por manteniendo una cuadra de putas viejas, parece ser un hombre derrotado; al menos, todo lo que quiere ahora es de convertirse en el Gerente General de un astillero insolvente y de enamorarse con la hija loca del dueño de la empresa.  Si esto no te parece como una "lectura feliz" en cierto sentido, tienes toda la razón.  El astillero es una novela donde el ambiente fantasmal y gris vale más que la trama, y es bastante claro desde el principio que no habrá redención en cuanto a los crisis de los personajes principales.  A pesar de esto, uno de los placeres de leer Onetti es descubrir la gracia con que él cuenta la historia de un fracasado: la sinceridad y, a veces, la compasión se destacan.  Otro toque sobresaliente acá es el narrador de tercera persona que describe el deterio de Larsen desde la perspectiva de un "nosotros" de comunidad--casi como si los eventos narrados en la novela pertenecieron al tejido social de Santa María en cuanto a sus mitos y su historia.  En todo caso, si El astillero no es una novela para todo el mundo, sí es una lectura gratificante para los que les gustaría leer algo por un posible eslabón perdido entre Arlt y Faulkner.  Por extraño que parezca, fascinante.


The Shipyard [El astillero] (Serpent's Tail, 2006)
by Juan Carlos Onetti [translated from the Spanish by Nick Caistor]
Uruguay, 1961

"Yet in essence Larsen's undeniable decline was the decline of what was already there, not any real change" (124).

Before having read this novel, my admiration for the Uruguayan Onetti (1909-1994) was limited to a handful of short stories of his ("Bienvenido, Bob," "El infierno tan temido," and "La cara de la desgracia" among others) as brutal as they were accomplished.  Although I still prefer a couple of those short stories to The Shipyard in terms of their overall impact on me, I finished the last few pages of the novel wanting more of Onetti.  Soon.  The plot, such as it is, has to do with the return of a man named Larsen to the city of Santa María after an exile of five years.  Larsen, nicknamed "Corpse Collector" for his stint as the one-time manager of a brothel in the town notorious for its stable of aged prostitutes, seems to be a broken man; now, all that he wants out of life is to become the Managing Director of a bankrupt shipyard and to win the hand of the shipyard owner's crazy daughter.  If this doesn't sound quite like happy reading to you, you're right.  The Shipyard is the type of novel where the grim and phantasmal atmosphere wins out over plot, and it's pretty clear from the beginning that there will be no redemption for any of the major characters' existentialist crises.  That having been said, one of the pleasures in reading Onetti is his grace in telling a loser's story with an unflinching honesty and, at times, even a sort of compassion.  Another interesting thing about this novel is the third person narrator who describes Larsen's swan song from a sort of "community perspective"--almost as if the events in the book had become a part of the fabric of local myth and history.  Not a novel for everyone by any means but a fine downer read for anyone interested in a possible missing link between Arlt and Faulkner.  Oddly compelling.  (http://www.serpentstail.com/)

Juan Carlos Onetti

Oyó, ronco y débil, inconvincente, un bocinazo en el río repetido tres veces.  Se palpó de cigarillos y no tuvo fuerzas para desprender el sobretodo húmedo que lo rodeaba, seduciéndolo, con un olor triste y cobarde, un perfume de resaca y de antiquísimas lociones que le habían refregado en el pelo en salones de peluquerías que series de espejos hacían infinitos, tal vez demolidos años atrás, increíbles ya, en todo caso.  Sospechó, de golpe, lo que todos llegan a comprender, más tarde o más temprano: que era el único hombre vivo en un mundo ocupado por fantasmas, que la comunicación era imposible y ni siquiera deseable, que tanto daba la lástima como el odio, que un tolerante hastío, una participación dividida entre el respeto y la sensualidad eran lo único que podía ser exigido y convenía dar.
(El astillero, 145-146)

He could hear a ship's horn repeated three times on the river; a weak, unconvincing, rasping sound.  He felt for cigarettes, did not have the strength to undo the wet coat clinging to him, seducing him with its rank, cowardly smell, an odour of hangovers mingled with old fashioned hair lotions rubbed into his scalp in barbers' shops that parallel mirrors extended to infinity, shops probably long since demolished, certainly by now unbelievable.  He suddenly supected what everyone comes to understand sooner or later, that compassion was worth no more than hate, that a tolerant indifference, an attention divided by respect and sensuality, was all that could be asked for or be given.
(The Shipyard [translated by Nick Caistor], 94)

*For another take on Onetti, see Sarah's wonderful review of The Shipyard here.

**For a more condensed sample of prime Onetti in English, check out The Vintage Book of Latin American Stories (2000), which features a translation of "El infierno tan temido" ["Hell Most Feared"] sure to dismay bloggers whose only conception of Lat Am lit has to do with "exotic" magical realism.  In other words, pure genius!