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martes, 31 de agosto de 2010

El cojo bueno

El cojo bueno (Alfaguara, 1996)
por Rodrigo Rey Rosa
Guatemala, 1996

Aunque preferí su novela más reciente El material humano por varias razones, ya recomendaría esta novela corta (124 páginas) por Rodrigo Rey Rosa a aquellos lectores que buscan un buen puñetazo en la boca.  La trama es sencilla pero arriesgada.  Juan Luis Luna, hijo de un hombre de negocios adinerado, es secuestrado por una pandilla de rufianes violentos con apodos extraños como La Coneja, Carlomagno, El Sefardí, y El Horrible.  Cuando su padre no paga el rescate dentro del plazo convenido, Juan Luis pierde primero el dedito del pie izquierdo y, después, el pie entero como un mensaje.  Rescatado a última hora, el rehén hace frente a una nueva relación con su padre y una vida llena de recuerdos amargos en cuanto a lo que pasó en la gasolinera abandonada.  Años después, por pura casualidad el "cojo" titular se encuentra con uno de sus secuestradores en un restaurante en Marruecos.  Desconcertado por el encuentro sorprendente y también cansado de su vida de vagabundo en el extranjero, Juan Luis regresa a Guatemala para enfrentarse con la violencia en su pasado.  ¿Va a tomar venganza en los secuestradores que escaparon sin castigo?  A pesar del hecho de que el encuentro de Juan Luis con el secuestrador en Marruecos me pareció un poco increíble, me gustó el relato.  Aunque estoy tentado de llamarlo un Reservoir Dogs guatemalteco, eso sólo explicaría la mitad de la historia y no diría nada sobre el lado psicológico de la obra.  En resumen, un libro muy fuerte que se reune escenas horripilantes con la prosa sin adorno de Rey Rosa de manera incómodamente creíble.  (http://www.alfaguara.com/)


The Good Cripple [El cojo bueno] (New Directions, 2004)
by Rodrigo Rey Rosa [translated from the Spanish by Esther Allen]
Guatemala, 1996

Although I preferred his more recent novel El material humano for at least a couple of reasons, I'd still recommend this 116-page novella by Rodrigo Rey Rosa to anyone looking for a good punch in the mouth.  The plot is simple but daring.  Juan Luis Luna, the son of a wealthy Guatemalan businessman, is kidnapped by a gang of violent thugs with odd nicknames like Bunny, Charlemagne, the Sephardi, and El Horrible.  When his father doesn't cough up the ransom soon enough, Juan Luis first loses the little toe off his left foot and then has the entire foot amputated by the kidnappers as a warning that they mean business.  Ransomed at the last minute, the kidnapping victim faces up to a new relationship with his father and a life full of bitter memories regarding what went wrong in the abandoned gas station.  Years later, the title "cripple" runs into one of his kidnappers by sheer chance in a restaurant in Morocco.  Rattled by the surprise encounter and also tired of his life as a boho drifter abroad, Juan Luis returns to Guatemala to confront the violence in his past.  Will he now wreak vengeance on the kidnappers who went unpunished?  In spite of the fact that Juan Luis' initial run-in with his ex-kidnapper seemed a little farfetched, I really liked this book.  While I'm tempted to call it a Guatemalan Reservoir Dogs, that would only explain half the story and wouldn't say anything at all about its psychological aspects.  All in all, a very visceral read and one in which Rey Rosa's spare, unadorned prose makes the more lurid aspects of the tale uncomfortably believable.  (http://www.ndpublishing.com/)

Rodrigo Rey Rosa

domingo, 8 de agosto de 2010

El material humano

El material humano (Anagrama, 2009)
por Rodrigo Rey Rosa
Guatemala, 2009

"Aunque no lo parezca, aunque no quiera parecerlo, ésta es una obra de ficción".
(Rodrigo Rey Rosa, aviso al lector)

A primera vista, este estupendo libro de Rodrigo Rey Rosa parecería tener mucho en común con una novela anterior, la de Insensatez de Horacio Castellanos Moya.  Es decir que un escritor centroamericano pasa algún tiempo haciendo investigaciones dentro del Archivo de la Policía Nacional, y poco a poco se convierte en un paranoico a causa de las repercusiones políticas que este tipo de trabajo ya incita en Guatemala años después de la época de la violencia de Estado.  Pero donde la ficción de Castellanos Moya era alucinate y desmesurada en su tono (ojo: en la fortuna como en la adversidad), la de Rey Rosa te engancha con una sensibilidad más bien neorealista italiana.  Su fuerte, digamos, es su sencillez.  El material humano es un libro compuesto como una obra en construcción,  construido con apuntes del autor tomado al Archivo, con cuadernos con notas sobre personas y temas de interés, con fragmentos de un diario íntimo, etcétera.  Aunque el narrador nunca menciona su nombre, hay una dimensión autobiográfica a la obra en el sentido de que el personaje es un novelista guatemalteco que ha vivido en el extranjero como un exilio "voluntario", ha traducido obras de Paul Bowles, y ha escrito una obra que se llama Caballeriza.  Sin saber si el autor de carne y hueso acaso recibiera llamadas amenazantes en la noche, estos rasgos personales de Rey Rosa --además de los momentos fidedignos (según cabe presumir) cuando el narrador nos habla de sus lecturas de la biografía de Borges por Bioy Casares y de las de Balzac y Stendhal por Stefan Zweig y/o critica a Miguel Ángel Asturias por haber sido un racista con prejuicios contra los indígenas guatemaltecos--  ayudan a crear una impresión de verosimilitud que me gustó mucho.  Por supuesto, también llaman la atención a la dificultad de novelar lo histórico...y al éxito de Rey Rosa en superar el desafío.  A este efecto, ¡un librazo!  (http://www.anagrama-ed.es/)

 Rodrigo Rey Rosa (foto: RCNRadio)

Domingo.
La exposición de Miquel, ayer por la tarde, un éxito.  El joven elefante de bronce ha sido expuesto en un patio adoquinado que da a la calle, en un palacete privado de un amigo de Miquel, muy cerca de la galería de YL.  La trompa rectilínea sobre la que se equilibra, las patas extendidas al aire y la colita apuntando al cielo, hacen exclamar y sonreír a la gente.  En la galería, despliegue de grandes lienzos con cráneos descomunales rodeados de cerillas consumidas, conchas abiertas y caracoles que se secan al sol --naturalezas muertas, memento mori y vanitas, que al mismo tiempo evocan la tradición de la que provienen y se alejan alegramente de ella.
Por la noche, cena en Maxim's.  Hablo un rato con Castor Siebel, crítico de arte octogenario, viejo amigo de Miquel.  Me sorprende su buena memoria; recuerda mi nombre completo, y la única vez que nos encontramos antes, hace unos diez años, con Miquel, en una brasserie.  Me pregunta dónde vivo ahora.  "Y no te sientes amenazado  --me dice luego--, viviendo en Guatemala?"  Le digo que decir que sí sería una exageración, pero que negarlo sería faltar a la verdad.
(El material humano, 132)