por Julio Cortázar
Francia, 1963
Una aventura sentimental fracasada, la muerte de un niño, y la casi inevitable llegada de la locura asedian al intelectual frío y reservado Horacio Oliveira durante la marcha de los acontecimientos de Rayuela, esa célebre "novela total" argentina aquí narrada en o 56 capítulos o 155 capítulos o incluso 154 capítulos según la voluntad del lector y el tablero de dirección incluido con el libro que "es mucho libros, pero sobre todo es dos libros" (ojo: uno de los capítulos está diabólicamente escondido en uno de los métodos de leer la maldita cosa). Por supuesto, yo elegí leer el "segundo libro" experimental de Cortázar, empezando con el capítulo 73 (uno de los 99 "capítulos prescindibles" según "la forma corriente" de leer la obra, que se acaba con el capítulo 56) y siguiendo con el primer capítulo antes de dar saltos a lo largo de la rayuela-en-prosa creada por los 36 capítulos "del lado de allá" (la historia de los amantes bohemios Horacio y la Maga en París de los cincuenta y del círculo de amigos que pertenecen al Club de la Serpiente) y los 20 capítulos "del lado de acá" (lo que pasa al más y más preocupado Oliveira después de su regreso a su ciudad natal de Buenos Aires, donde se encuentra con sus amigos Traveler y Talita e incluso un "gato calculista" al circo) y el complemento total de los 99 "capítulos prescindibles". Además de su estructura abierta y la construcción que se parece a un puzzle y sus evocaciones de un distinto tiempo y lugar, había tantas cosas que me gustaron en Rayuela. Por ejemplo, hay docenas de descripciones inolvidables: "París, una tarjeta postal con un dibujo de Klee al lado de un espejo sucio" (132). Capítulos enteros dedicados a la música o que tienen lugar en fiestas donde discos de jazz se cambian de manos en el trasfondo. Hay una variedad de reflexiones metafísicas elípticas: "La vida, fotografía del número, posesión en las tinieblas (¿mujer, monstruo?), la vida, proxeneta de la muerte, espléndida baraja, tarot de claves olvidadas que unas manos gotosas rebajan a un triste solitario" (635). También hay comentarios magníficos sobre la lectura y los lectores, como éste que claramente anticipa a Bolaño en la flor de la vida: "La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todo los libros eran libro-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores a fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a la tinta de imprenta acaba con la alegría del ajo" (156-157). Además de todo esto, Cortázar también se dedica a una discusón sobre el lector ideal y la teoría literaria como aplicada a su propia novela en los pasajes donde el escritor Morelli habla de la necesidad de la novelista para hacer un "cómplice" del lector activo en cuanto a la creación de "un texto desaliñado, desanudado, incongruente, minuciosamente antinovelístico (aunque no antinovelesco). Sin vedarse los grandes efectos del género cuando la situación lo requiera, pero recordando el consejo gidiano, ne jamais profiter de l'élan acquis. Como todas las criaturas de elección del Occidente, la novela se contenta con un orden cerrado. Resueltamente en contra, buscar también aquí la apertura y para cortar de raíz toda construcción sistemática de caracteres y situaciones. Método: la ironía, la autocrítica incesante, la incongruencia, la imaginación al servicio de nadie" (559-560). Etcétera, etcétera. Entre las pocas cosas que no me gustaron, me limito a decir que algunos de los capítulos prescindibles son inescrutables hasta el punto de ser o pesados o pedantescos de vez en cuando y que también está frustrante a veces seguir en los pasos de che Oliveira, un personaje tan involucrado en su crisis existencialista que él no puede ver el daño que provoca a sí mismo y a otros. Esté, dicho sea de paso, no es una debilidad de la novela sino una fuerte en lo que refiere a la caracterización; de hecho, yo casi lloré al final cuando me di cuenta (o, al menos, pensaba que me di cuenta) de cómo la novela iba terminar. En resumen, otro tomo para ese especial anaquel para libros donde se encuentran Moby-Dick, Proust, La vida instrucciones de uso, y 2666. Espectacular. (http://www.catedra.com/)
Hopscotch (Pantheon Books, 1987)
by Julio Cortázar [translated from the Spanish by Gregory Rabassa]
France, 1963
Julio Cortázar
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