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martes, 10 de diciembre de 2013

El camino de Ida

El camino de Ida (Anagrama, 2013)
por Ricardo Piglia
Argentina, 2013

Leí la última de Piglia, obra que mezcla una historia sentimental con un argumento adoptado de la novela negra literaria y que lleva una fuerte crítica de la llamada "guerra contra el terror" estadounidense además de algunas meditaciones sobre la figura del escritor (auto)exiliado, casi de un tirón.  Qué libro jugoso, che, qué libro jugoso.  Emilio Renzi, a deriva después de divorciarse en Buenos Aires, traslada a una universidad estilo Ivy League en New Jersey, EE.UU, para ofrecer un curso graduado sobre la literatura argentina del autor Guillermo Enrique Hudson (que, según he entendido, nació argentino y se murió inglés).  Por ahí en "el ombligo de la bestia", el autoexiliado Renzi empieza mantener relaciones secretas con la profesora estadounidense Ida Brown, una estrella académica que de repente muere bajo circunstancias más bien misteriosas.  ¿Fue ella un suicidio, la víctima de un asesinato o una terrorista clandestina sí misma que murió como el resultado de un acidente durante la comisión de un crimen?  Con su gran destreza de costumbre, Piglia plantea un problema formal --¿en qué consiste el mapa de una vida?-- al mismo tiempo que nos mete dentro de un mundo narrativo más y más claustrofóbico en cuanto al punto de vista del protagonista: por, mientras que el Visiting Professor Renzi contrata a un detective privado para saber más acerca de la muerte de su ex amante, se da cuenta que él mismo es una "persona de interés" en la investigación sobre la muerte llevada a cabo por el FBI y otras agencias nacionales superpoderosas.  Aunque se destacan muchos momentos en El camino de Ida donde el protagonista Renzi subraya los paralelos entre la táctica de la guerra contra el terror en los Estados Unidos de hoy y la Guerra Sucia en Argentina durante la época de los militares, uno no debe pensar que el tema sea pesado.  Por ejemplo, no es que falte un sentido de humor en la novela ("Era una señora, con el leve aspecto demencial que tienen siempre las mujeres que se dedican a cuidar gatos perdidos", dice Renzi en algún momento [140]).  Y, además de lo de  Hudson, hay guiños literarios a la vida de otros autores exiliados como Hermann Broch, Joseph Conrad (El agente secreto juega un papel importante), e incluso nuestro amigo Juan José Saer: "'Faulkner y Fitzgerald se ahogaron en alcohol, yo me ahogaré en la universidad', como decía mi amigo el poeta santafecino que enseñaba en Francia" (168).  Pero, de verdad, ¿en qué consiste el mapa de una vida según la perspectiva de la novela?  El personaje  Renzi nos da una pista al hablar de la enorme cantidad de información obtenida por el aparato investigador del estado:  "'Por qué todos esos datos?  Rutina, dijo Parker.  Lo llaman el profile pero de ahí es difícil deducir los actos y las decisiones, son sólo el marco, el mapa de una vida" (130).  Divertido y sugestivo.

Piglia

Había visitado en la cárcel durante años al Beto Carranza, un amigo que había tenido la fortuna de caer preso antes del golpe militar de 1976, y a pesar de que sufrió la tortura y varios simulacros de fusilamiento fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo y se salvó de ser asesinado clandestinamente.  En la cárcel de Devoto, cuando lo visitaba, en esos años los guardias te avisaban que estabas fichado, te preguntaban si eras de la orga, si eras trosko o puto, si eras judío y comunista (o sólo judío) y al final te pedían plata para cigarillos.  Los amigos de los detenidos pasábamos efectivamente cartas escritas con letra microscópica en papeles de armar cigarillos o transmitíamos mensajes aprendidos de memoria.  Me acuerdo de que cuando Carranza aparecía en la sala de visitas estaba siempre contento y era optimista y nos daba esperanza a nosotros, que veníamos de la calle.
(El camino de Ida, 269-270)

 Mario de QUADERNO RIBADABIA tiene una muy buena reseña de El camino de Ida que se puede leer aquí.

2 comentarios:

  1. Hola Richard: es una gran novela. Como siempre Piglia utiliza sus ficciones para teorizar un ratito acerca de lo que venga. Y Beto Carranza, gran jugador de futbol... siempre hay un sitio para el humor.

    Me gustó tu reseña, saludos totales

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    1. Hola Mario:

      Gracias por lo que dices sobre el post y aún más gracias por compartir lo de Beto Carranza. Qué chistoso. Estoy de acuerdo contigo que es una gran novela. Saludos.

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