sábado, 8 de agosto de 2015

Fogwill, una memoria coral

Fogwill, una memoria coral (Mansalva, 2014)
por Patricio Zunini
Argentina, 2014

"Entre marzo y diciembre de dos mil trece", escribe Patricio Zunini, editor del blog de la librería Eterna Cadencia ubicada en Palermo, Buenos Aires, "entrevisté a amigos, escritores, editores y diferentes personas del ambiente cultural que conocieron a Fogwill, con la intención de enhebrar una narración a partir de esos testimonios de primera mano....  El resultado es un texto coral que, sin la pretensión universalista de la biografía ni la ligereza del anecdotario, da cuenta de cómo la memoria colectiva recuerda (construye) a uno de los escritores argentinos más relevantes de los últimos treinta años" (9).  Así empieza este estupendamente divertido libro, una historia oral dedicada a Rodolfo Enrique Fogwill (1941-2010) en que el "cocainómano social" (Daniel Guebel, 22), "rompebolas atómico" (Sergio Bizzio, 47), "dandy malvado" (Daniel Molina, 59), "Google antes de Google" (Silvio Fabrykant, 105) y "psicópata perfecto" (Alan Pauls, 127) cabalga de nuevo (por así decirlo) en las contradictorias memorias y palabras de sus conocidos.  Como con otra obra parecida, Please Kill Me: The Uncensored Oral History of Punk, de Legs McNeil y Gillian McCain (1996), los testimonios jugosos recogidos por Zunini en Fogwill, una memoria coral salvan muchas buenas anécdotas de las ruinas.  Alan Pauls, por ejemplo, habla de la editorial que Fogwill fundó en los tempranos ochenta: "Tierra Baldía fue un proyecto increíble.  Fogwill trataba de poner en práctica técnicas de publicidad y marketing para vender poesía argentina contemporánea, poetas como Perlongher, Lamborghini o él mismo.  Se le había ocurrido vender los libros en sachets: metía cuatro en una bolsa de plástico transparente y los colgaba en los kioscos.  Muy demencial, muy de vanguardia" (24-25).  Y Daniel Molina hace hincapié en cómo Fogwill "se autoconstruyó muy conscientemente como un dandy malvado" con el resultado de que "era una comunista de derecha" y "una especie de nazi comunista" y "un ser oximorónico" a la vez.  ¿Cómo?  "Era muy homofóbico pero vivía rodeado de putos.  ¡Vivía rodeado de putos!  Coqueteaba con ser bisexual o haber tenido algunos affaires con hombres (nunca contó, por lo menos delante mío, alguno específico), pero siempre hablaba desde esa cosa de ejército nazi del sometimiento: hacerse chupar la pija, romperle el culo a alguien.  La cosa romana donde lo que vale es el activo.  Lo más degenerado en el ejèrcito romano era el cunnilingus, que un hombre se rebajara a chupar una concha.  Esta visión romana era un poco la visión sexual de Fogwill. Y al mismo tiempo te editaba a Perlongher, que era muy maricón, muy afeminado.  Me parece que era parte de su dandismo malvado" (59).  A continuación, Luis Chitarroni, Daniel Molina, Martín Kohan y Daniel Guebel versa con otros lados del hinchapelotas profesional en citas que se pueden encontrar en las páginas 21, 37-38, 51, y 63 del libro genial de Zunini.  Fenomenal.
  •  LUIS CHITARRONI.  Quique se presentó al concurso Coca Cola-Sudamericana con el libro más importante y disruptivo del realismo.  En una frecuencia distante está Ema, la cautiva, de César Aira, pero el costumbrismo y el realismo argentino y todas sus rarezas, incluida la literatura fantástica, está en Mis muertos punks.  Después lo llamó Muchacha punk, pero el título de la primera edición era Mis muertos punks, un título más lindo, pero también más hermético, más indescifrable.  Siempre me quedé con ganas de preguntarle por qué le había puesto así.  Es cierto que cuando saca el libro, el punk --por lo menos el punk real de las primeras bandas inglesas-- ya había muerto.  El libro está lleno de guiños y de pulseadas con el jurado; hay muchos cuentos referidos al Grupo Sur y uno de los jurados era Enrique Pezzoni.  Fogwill gana el concurso, pero el libro no se publica  entonces porque les dice: "¿Ustedes se creen que un tipo como yo, con ideas de izquierda, va a publicar con una empresa supranacional como Coca Cola?"  Un gesto muy canchero que le ayuda marketineramente --en el márketing pequeño de esa época-- a imponer su libro.
  • DANIEL MOLINA.  Él era híper noctámbulo por su consumo de drogas; yo nunca consumí cocaína pero también era noctámbulo: me levantaba a las once o doce del mediodía y me acostaba a las cinco de la mañana.  Iba a su casa de Arenales a las doce de la noche  --que es como decirte hoy a las tres de la tarde-- y nos poníamos a tomar el té a las dos de la mañana.  Me ponía arias y óperas, charlábamos, me recitaba poemas y si tenía una duda me decía: "Vamos a llamar al maestro", y le preguntaba versos o traducciones.  Quién era el maestro: César Aira.  Cada vez que hablé con Fogwill de Aira, para él Aira era el maestro.  Para mi generación y la de Fogwill, Aira es nuestro Borges.  Y si Aira es Borges, Fogwill es Sarmiento.  ¿No lo dijo una vez Josefina Ludmer?  Fogwill es Sarmiento porque tiene la impronta maldita híper genial de Sarmiento, de saber todo, mezclar todo, tiene esa cosa performática, tanto en la escritura como en el cuerpo.  Fogwill es Sarmiento.  No es poco.
  • MARTÍN KOHAN.  Mi primer contacto con Fogwill fue telefónico, por una nota que yo tenía que escribir.  No recuerdo sobre qué era, pero se las arregló para decirme que había sacado la cuenta de cuánto había ganado con "La larga risa de todos estos años": hizo una ecuación de cuánto le llevó escribirlo y cuánta plata le había entrado.  Eso era algo que yo sólo había visto con Mike Tyson, que, como noqueaba en el primer round, se podía hacer la cuenta de cuánto había ganado por segundo.  En ese primer contacto asistí a la relación literatura y dinero que él planteaba de un modo brutal.
  • DANIEL GUEBEL.  El último Premio Planeta se lo dieron a Andahazi: ahí tenés una anécdota mucho más simpática.  Dicen el nombre de Andahazi y Fogwill grita: "¡Esto es una vergüenza!  ¡Esto es un escándalo!" Termina la fiesta y me lo cruzo afuera: "Esto es un escándalo, vení Guebel, rompamos un vidrio, hagamos algo".  Le digo: "Quique, tenés hijos, vas a ir preso, para qué mierda vas a romper un vidrio".  "Por autopromoción", me contesta, "por los mismos motivos por lo que hago todo".
 Patricio Zunini

Más Fogwill
Muchacha punk (1979)
Help a él (1983)
Los pichiciegos (1983)

3 comentarios:

  1. Este libro debe ser genial. Uno siempre quiere saber las cosillas de los grandes escritores. Polémico y mordaz, siempre canchereando pero su escritura es única.
    Su cuento Help a él es un proto-Aleph engordado.
    saludos Richad

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    1. ¡Hola Mario! El libro de Zunini es estupendo, sí, pero por supuesto es mucho más interesante por el hecho de que la escritura de Fogwill era "única" como vos decís. Ahora tengo ganas de regresar a la lectura de los Cuentos completos, de Fogwill, publicado por Alfaguara. ¡Saludos!

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  2. I'd never heard of this chap before he popped up in Vila-Matas' Bartleby & Co. "Social cocaine addict", "evil dandy" and "Perfect psychopath...as you say, quite a character!

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