por Esther Tusquets
España, 1978
El mismo mar de todos los veranos, novela mencionada en la lista de Ignacio Echevarría sobre Los libros esenciales de la literatura en español: narrativa de 1950 a nuestros días y a menudo elogiada por su subjetividad femenina, me ha decepcionado muchísimo. ¿Lo fundamental del problema? La narradora sin nombre es tan pesada que, a pesar de tener algunos momentos muy llamativos, la obra también tiene momentos de lo.más.aburrido. En serio. La narradora, dicho sea de paso, es una española de unos cuarenta años que, abandonada por su marido durante algún tiempo y en medio de una crisis emocional aparentemente perpetua, empieza una aventura amorosa con una estudiante colombiana más joven. Después de mil peripecias al principio de la relación, la pareja lesbiana parecen encontrar una medida de felicidad durante su mes juntas hasta que la angustia llega en la figura del marido que ha vuelto a casa. ¿Será un final feliz para las dos amantes o no? Aunque no voy a decir más sobre el argumento, supongo que debo aclarar que, para mí, El mismo mar de todos los veranos era una lectura frustrante más que una lectura malísima o algo por el estilo. Una oportunidad perdida, ¿viste? Tusquets salió ganando cuando el sinnúmero de monólogos interiores hizo hincapié en la depresión y la opresión de la protagonista frente al ambiente sofocante de su existencia marital. A veces también me gustaron el ritmo de su prosa y su lenguaje mismo: "aquellos besos tristes como el grito de los pájaros marinos perdidos lejos del mar en las tardes de tormenta, como el golpeteo desolado de las olas contra los peñascos", por ejemplo, es un buen ejemplo de su lado poético (125). Al mismo tiempo, Tusquets me perdió cuando esos monólogos interiores fueron monótonos en sumo grado con tan frecuencia. Además, había una sobredosis de referencias a cuentos de hadas y a la mitología que demostró una falta de sutileza completa. Qué lástima.
Ana María Moix (a la izquierda), Ana María Matute, y Esther Tusquets (a la derecha) en la casa de Matute en Sitges, 1970.


