lunes, 26 de noviembre de 2012

El mismo mar de todos los veranos

El mismo mar de todos los veranos (Editorial Anagrama, 2008)
por Esther Tusquets
España, 1978

El mismo mar de todos los veranos, novela mencionada en la lista de Ignacio Echevarría sobre Los libros esenciales de la literatura en español: narrativa de 1950 a nuestros días y a menudo elogiada por su subjetividad femenina, me ha decepcionado muchísimo.  ¿Lo fundamental del problema?  La narradora sin nombre es tan pesada que, a pesar de tener algunos momentos muy llamativos, la obra también tiene momentos de lo.más.aburrido.  En serio.  La narradora, dicho sea de paso, es una española de unos cuarenta años que, abandonada por su marido durante algún tiempo y en medio de una crisis emocional aparentemente perpetua, empieza una aventura amorosa con una estudiante colombiana más joven.  Después de mil peripecias al principio de la relación, la pareja lesbiana parecen encontrar una medida de felicidad durante su mes juntas hasta que la angustia llega en la figura del marido que ha vuelto a casa.  ¿Será un final feliz para las dos amantes o no?  Aunque no voy a decir más sobre el argumento, supongo que debo aclarar que, para mí, El mismo mar de todos los veranos era una lectura frustrante más que una lectura malísima o algo por el estilo.  Una oportunidad perdida, ¿viste?  Tusquets salió ganando cuando el sinnúmero de monólogos interiores hizo hincapié en la depresión y la opresión de la protagonista frente al ambiente sofocante de su existencia marital.  A veces también me gustaron el ritmo de su prosa y su lenguaje mismo:  "aquellos besos tristes como el grito de los pájaros marinos perdidos lejos del mar en las tardes de tormenta, como el golpeteo desolado de las olas contra los peñascos", por ejemplo, es un buen ejemplo de su lado poético (125).  Al mismo tiempo, Tusquets me perdió cuando esos monólogos interiores fueron monótonos en sumo grado con tan frecuencia.  Además, había una sobredosis de referencias a cuentos de hadas y a la mitología que demostró una falta de sutileza completa.  Qué lástima.

Ana María Moix (a la izquierda), Ana María Matute, y Esther Tusquets (a la derecha) en la casa de Matute en Sitges, 1970.

2 comentarios:

  1. Sounds like it could be very autobiographical? And she has a lot of resentment about being socialized into the Prince Charming thing? Maybe she should have used non-fiction as a medium for diatribes instead of fiction. But most surprising: your use of the word "menudo" for "often"! What tripe!

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    1. Jill, what a nice surprise to find not only a comment--I'd feared that the post might strike out entirely--but a menudo joke of all things! ¡Mil gracias for that "breakfast of champions" riposte! I don't know how autobiographical the novel is, but it often feels like it might be given the depths of the main character's anger and anguish (coincidentally or not, the husband in the novel also shares Tusquets' first husband's name). Of course, it might also just be a lashing out at the Franco era's repression of women given the time in which it was written. Alas, others seem to have appreciated the often annoying diatribes more than I did.

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