viernes, 11 de marzo de 2016

El mago de Viena

El arte de la fuga/El viaje/El mago de Viena (Anagrama, 2007)
por Sergio Pitol
México, 2005

El mago de Viena, el tercer tomo en la llamada Trilogía de la Memoria de Sergio Pitol (¡y el único que tiene "robots fornicatorios" como un elemento argumental! [459]), es una super genial recopilación de ensayos literarios, listas de autores preferidos, "trozos de la vida del escritor", e incluso una superficie novelesca dedicada a un libro falso describido como el "modelo perfecto de literatura light": El mago de Viena (456).  ¡Divertidísimo!  Pitol, cuyo entusiasmo por la literatura y el lenguaje es contagioso, afirma en algún momento: "yo adoro los excéntricos".  ¿Quiénes son estos raros?  En líneas generales, son escritores que "aparecen en la literatura como una planta resplandeciente en las tierras baldías o un discurso provocador, disparatado y rebosante de alegría en medio de una cena desabrida y una conversación desganada".  Más específicamente, "Laurence Sterne, William Beckford, Jonathan Swift, Nikolái Gógol, Tomasso Landolfi, Carlo Emilio Gadda, Witold Gombrowicz, Bruno Schulz, Stanislaw Witkiewicz, Franz Kafka, Ronald Firbank, Samuel Beckett, Ramón del Valle-Inclán, Virgilio Piñera, Thomas Bernhard, Augusto Monterroso, Flann O'Brien, Raymond Roussel, Marcel Schwob, Mario Bellatin, César Aira, Enrique Vila-Matas son excéntricos ejemplares".  Dicho de otra manera, "son los pocos autores que hacen de la escritura una celebración" (538-539).  Bueno.  De todos estos excéntricos, entre los que son "nuevos" para mí, tengo que decir que Pitol ya me convenció a comprar la primera novela de Flann O'Brien luego de leer el juicio que "At Swim-Two-Birds es un laberinto cuyos muros están cubiertos de espejos.  La realidad se fractura en ellos sin cesar, se empequeñece o magnifica, es demolida hasta transformarse en otra realidad que es pura y simplemente literatura.  La forma anticipa algunas novelas que muchos años después intentarían una nueva estructuración del género.  Pero ninguno puede compararse a la del irlandés en cuanto a ejercicio del humor, a su radiante alegría, a la felicidad que transpira el lenguaje" (565).  Una recomendación fuerte, ¿no?  Pero como ensayo, lo que se destacan en las páginas dedicadas a O'Brien son las memorables descripciones físicas acerca del novelista irlandés ("Sus últimas fotografías recuerdan las caras de esos psicópatas con que nos sobresalta de cuando en cuando la página roja de los diarios, sorprendidos por la cámara en el momento de su detención o en el camino al patíbulo: la frente huidiza, amedrentada, la piel que imaginamos gris o azulada, el descuido con que la corbata ciñe un cuello sucio y mal abotoando") y la irónica back story que llama la atención a la mala suerte de O'Brien en cuanto a "un público no receptivo": "La novela vendió doscientos cuarenta y cuatro ejemplares", Pitol nos especifica.  "Un par de años después, las bodegas de la editorial ardieron durante un bombardeo.  Longman's decidió no reeditar el libro.  Podrían haber sido escasos los lectores, pero entre ellos los hubo excepcionales.  Borges, en Buenos Aires; y entre los de lengua inglesa, Samuel Beckett, que de inmediato le llevó un ejemplar a Joyce, el cual escribió: 'Se trata de un auténtico escritor, con un sentido verdadero de la comicidad.  Es un libro en verdad muy divertido', y Dylan Thomas, quien, por su parte, escribió: 'Esta novela sitúa a O'Brien en la primera línea de la literatura contempóranea'" (562-563).  En otra parte, Pitol habla de su propia otrora "terror de crear un híbrido entre el relato y el tratado ensayístico" (621), un problema evidentemente superado por el mexicano hace muchos años.  ¿La última fase en esta evolución literaria?  De cuando Enrique conquistó Asjabad y cómo la perdió, un relato cómico --y tal vez, ligeramente autobiográfica-- en el que Pitol, el agregado cultural en Moscú en aquél entonces, y su viejo amigo Enrique Vila-Matas viaja a Asjabad, "ese espantoso culo del mundo" (597), para asistir a un festival de cine en 1979 y se convierten en protagonistas de varias desgracias en el desierto soviético.  Me gustaría decir más sobre este asunto, que empieza con Pitol hablando de su deseo de escribir "una novela policiaca cuyo protagonista será Gógol" y otros disparates (594), pero prefiero dejar tiempo para dos citas pitolianas.  #1.  "He sido un amante de la palabra, he sido su siervo, un explorador sobre su cuerpo, un topo que cava en su subsuelo; soy también su inquisidor, su abogado, su verdugo" (509).  #2.  "Antonio Tabucchi comentó una vez que Carlo Emilio Gadda invitaba a desconfiar de los escritores que no desconfían de sus propios libros" (651).

Enrique Vila-Matas (a la izquierda) & Sergio Pitol

Más
(Carlos Monsiváis y Sergio Pitol habla de El mago de Viena, 8 de octubre de 2005)

2 comentarios:

  1. Golazo Richard¡¡¡ me lo vendiste de una. Lo compro con los ojos cerrados. Ya me estoy imaginando al libro en una de las estanterías de Galerna, la librería. También me sorprendió lo que dices de O´Brien, del que tenía poco registro.
    Saludos

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    1. Muchísimas gracias, Mario, y suerte con tu búsqueda de El mago de Viena. ¡Es un librazo! Algunos de mis amigos blogueros también se están entusiasmados con ese libro de Flann O'Brien. Tengo muchas ganas de leerlo dentro de poco. ¡Saludos!

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